Respecto al indio el estado tomó una serie de medidas como establecer el día del indio, crear el patronato de la raza indígena con una oficina de asuntos indígenas, fundar las escuelas agrarias, reconocer a las comunidades indígenas desde 1920. Aun así, su papel como ciudadanos y como campesinos productores nunca fue claro y acaso por ello al finalizar los años 20 los emergentes grupos políticos enfocaron este problema de manera muy enfática.
Leguía obtuvo el apoyo de la clase media otorgándole a algunas personalidades de este sector altos puestos públicos concesiones económicas, altos ingresos clientelismo, etc., sin embargo luego este grupo se desengañó de Leguía y se opuso a la Patria Nueva, e incluso organizó partidos políticos nuevos vinculados a grandes masas de la población, planteando alternativas sociales, políticas y económicas novedosas. De otra parte Leguía ratificó las ocho horas de trabajo y nombró comisiones para resolver conflictos laborales, actitud que procuraba ganarse el movimiento obrero. Leguía también consiguió el respaldo de los campesinos al plantear la lucha contra los gamonales, para lo cual legalizó las comunidades campesinas, aunque en el fondo lo que pretendía el gobierno era, más que acabar con el gamonalismo, someterlo y sofocar los movimientos populares.Durante las tres primeras décadas del siglo XX, la fisonomía del país cambió. Los centros urbanos, principalmente Lima, crecieron y se modernizaron, aunque en las amplias zonas rurales la vida no varió mucho. La modernización que experimentaron ciudades como Lima no alcanzó a las zonas rurales, donde una buena parte de la población vivía alrededor de los centros mineros o dentro de las grandes haciendas, sometidos a una relación de subordinación y servidumbre hacia sus «patrones». Las personas en Lima vivían en un gran apogeo económico y dedicaban su tiempo a la diversión y el recreo. Ellos adoptaron la “American way of Living”.
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